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Académicos en Morelos se erigen como contrapeso: “No más simulaciones”

Por José Juan Conejo Pichardo

27 mar 2026

Análisis

Cuernavaca, Morelos. – En un contexto marcado por la desconfianza ciudadana hacia las instituciones y el hartazgo frente a organizaciones civiles que se quedan en el discurso, un grupo de académicos morelenses decidió dar un paso al frente. Con una ceremonia celebrada en la Casa de los Saberes –recinto de la Suprema Corte de Justicia de la Nación–, quedó formalmente constituida y tomó protesta la Asociación de Académicos del Estado de Morelos, una agrupación que desde su nacimiento promete romper con la simulación y convertirse en un verdadero contrapeso político.


La cita fue este jueves 26 de marzo a las 14:00 horas. Más de 80 personas se dieron cita en el antiguo inmueble que albergó a la Casa de la Cultura Jurídica, hoy transformado en un espacio de pensamiento crítico. En el presídium, la presidenta de la nueva asociación, la Doctora Claudia Anguiano Ramos –académica, escritora, comunicadora y abogada con amplia trayectoria– quien encabezó el evento.

 También estuvieron presentes en presídium el titular de la Casa de los Saberes,  Doctor José Antonio García Villalobos Bilbao, y la Magistrada María Cecilia Guevara y Herrera, del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), adscrita a la Cuarta Circunscripción,  realizó  la toma de protesta de quince integrantes que conformarán las áreas operativas y directivas del organismo; ambos funcionarios públicos respaldaron con su presencia el carácter institucional del acto.


Filtros y perfil: la exigencia de credenciales


A diferencia de otras agrupaciones que suelen formarse bajo el influjo de la coyuntura, la Asociación de Académicos del Estado de Morelos presume un proceso de selección riguroso. En entrevista, la Doctora Anguiano Ramos detalló que para integrar la directiva y los distintos cargos se aplicaron “estrictos filtros”, buscando exclusivamente perfiles con experiencia comprobable en sus sectores.


“Se requirió verdadero compromiso de ser parte de este nuevo proyecto. Gente proactiva, con vocación de servicio, sin simulaciones de actividades a favor de temas sociales, políticos o empresariales”, subrayó la presidenta, haciendo énfasis en que la asociación no nace para ocupar un espacio decorativo, sino para incidir con hechos.


La declaración resuena con fuerza en un estado como Morelos, donde decenas de observatorios ciudadanos, barras de abogados, cámaras empresariales y organizaciones no gubernamentales ( ONG’s) coexisten sin que la ciudadanía perciba un impacto tangible en la calidad de las políticas públicas o en la disminución de la corrupción. La queja recurrente entre analistas políticos es la abundancia de ideas sin estrategias ejecutables, de diagnósticos sin programas y de discursos filantrópicos que rara vez se traducen en resultados visibles.


Objetivo: ser un ente de incidencia real


En su presentación ante los medios, Anguiano Ramos delineó los ejes que guiarán el trabajo de la asociación: “Ser un contrapeso político, un observatorio ciudadano efectivo, un denunciante y un ente de incidencia en las políticas públicas”. Con ello, el grupo se aparta del modelo tradicional de colegios de profesionistas que limitan su labor a encuentros académicos cerrados y se inscribe en la línea de los colectivos ciudadanos que buscan fiscalizar, propuestas y, sobre todo, ejecutar.


La propuesta adquiere relevancia nacional en un momento en que diversas del país enfrentan crisis de gobernabilidad y creciente presión social para que los cuerpos intermedios recuperen su papel de contrapeso. Morelos, en particular, ha sido escenario de turbulencias políticas que evidenciaron la fragilidad de los mecanismos tradicionales de supervisión. La aparición de una asociación que reúne a académicos con credenciales contrastables podría constituir un modelo replicable en otros estados.


Más allá del activismo discursivo


Desde una perspectiva analítica, la conformación de esta asociación plantea al menos tres desafíos relevantes. El primero es la capacidad de mantenerse independiente. En un entorno donde las organizaciones civiles a menudo terminan cooptadas por intereses gubernamentales o partidistas, la exigencia de perfiles con trayectoria autónoma es un primer filtro, pero deberá ir acompañada de una férrea disciplina interna.


El segundo desafío es la efectividad en la incidencia. No basta con denunciar; la propuesta de la asociación es convertirse en un “observatorio ciudadano” que genere estrategias concretas y programas aplicables. Para ello, la inclusión de áreas especializadas en consultoría estratégica, operación, comunicación y gestión –como la que encabeza quien escribe esta nota– apunta a cerrar la brecha entre el diagnóstico académico y la acción política.


El tercer elemento es la capacidad de convocatoria y la construcción de verdaderas alianzas estratégicas. La presencia de la Magistrada Guevara y Herrera y del titular de la Casa de los Saberes demuestra que, desde su nacimiento, la asociación cuenta con vínculos institucionales que pueden potenciar su labor, siempre que no comprometan su autonomía.


Un llamado a la sociedad nacional


La toma de protesta de la Asociación de Académicos del Estado de Morelos no es un hecho aislado. Responde a una exigencia cada vez más extendida en el país: que quienes tienen la formación, la experiencia y la vocación dejen de ser espectadores y se conviertan en actores de cambio. Frente a la saturación de organizaciones, dirigentes y liderazgos que simulan trabajo en favor de grupos vulnerables, de los Derechos Humanos, de las políticas públicas y de quienes hacen criticas estériles al gobierno sin propuestas viables de solución, esta nueva agrupación apuesta por la gestión, la estrategia y la entrega de resultados verificables.


La Doctora Anguiano lo resume con una frase que bien podría servir como carta de presentación: “No más simulaciones, hechos, no palabras”. En un estado donde la ciudadanía ha aprendido a desconfiar incluso de quienes dicen defenderla, la única garantía será el trabajo sostenido y la capacidad de demostrar que la academia, cuando se organiza con firmeza y honestidad, puede ser un contrapeso real y necesario para la democracia.


El autor de esta nota – José Juan Conejo Pichardo - es consultor estratégico  y miembro de la Asociación de Académicos del Estado de Morelos.

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