

José Juan Conejo Pichardo
11 ago 2025
Análisis Político
De la promesa a la simulación
En septiembre de 2018, el Senado de la República, con mayoría de Morena y bajo el liderazgo de Ricardo Monreal en la Junta de Coordinación Política, aprobó un Acuerdo de Austeridad que parecía marcar un antes y un después en la vida parlamentaria. El compromiso era eliminar privilegios —gasolina, seguros médicos privados, vales de despensa, peajes— y reducir gastos superfluos, con la premisa de que “no se puede vivir en una esfera de privilegios frente a un país de desigualdades”.
La medida inició con fuerza: ese mismo año se devolvieron a la Tesorería de la Federación 282.4 millones de pesos. Sin embargo, la voluntad duró lo que un discurso de campaña. A partir de 2019, el ahorro se desplomó hasta niveles irrisorios: 3.5 millones en 2019, 1.4 millones en 2020, 8.9 millones en 2021, 5.4 millones en 2022, 317 mil pesos en 2023 y apenas 122 mil pesos en 2024.
Paralelamente, los gastos que se habían prometido erradicar comenzaron a resurgir.
El retorno de los excesos
Uno de los compromisos centrales del acuerdo era reducir a la mitad las subvenciones a los grupos parlamentarios. No ocurrió. En 2018 sumaban 821.4 millones de pesos; bajaron a 495.9 millones en 2019, pero desde entonces crecieron sin freno: 508.8 millones en 2021, 599.3 en 2022, 565.7 en 2023 y 655.1 millones en 2024. Para 2025 se presupuestaron 773.1 millones, casi el mismo exceso que se criticaba hace seis años.
El gasto en alimentos, que debía recortarse, creció un 49% entre 2019 y 2024. En 2019 fueron 15.1 millones; en 2023 se disparó a 25.9 millones, y para 2025 ya se autorizó una bolsa de 27.6 millones. Esto incluye buffets, cafeterías exclusivas y comidas en comisiones y eventos internacionales.
En viáticos y pasajes la tendencia fue similar: 10.5 millones en 2019 contra 14.6 millones en 2022, con un aumento notable en los viajes internacionales, que pasaron de 74 en 2019 a 161 en 2023.
Incluso se reactivaron beneficios eliminados: tarjetas de gasolina, vales de despensa y seguros de vida. Entre 2018 y 2024 se destinaron 150 millones de pesos a seguros de vida para senadores y personal administrativo, pese a que la Ley Federal de Austeridad Republicana recomendaba suprimirlos.
Un Senado más caro y menos austero
Para 2025, bajo la presidencia de Gerardo Fernández Noroña y con Adán Augusto López al frente de la Jucopo, el Senado operará con un presupuesto de 5 mil 103.8 millones de pesos, un aumento del 29% respecto a 2019.
Además, se mantienen 66 comisiones legislativas, ignorando el compromiso de reducirlas a 42 para ahorrar costos. Los ahorros proyectados para este año son de apenas 1.2 millones de pesos, una cifra ridícula frente al gasto total.
Análisis: La narrativa rota de la Cuarta Transformación
Lo ocurrido en el Senado es más que un incumplimiento administrativo: es una fractura en la narrativa fundacional de la Cuarta Transformación.
En 2018, Morena supo capitalizar el hartazgo social hacia la élite política que vivía con privilegios. La austeridad se convirtió en un emblema moral, un diferenciador frente a los gobiernos anteriores. Pero hoy, los hechos desmienten el discurso.
Las consecuencias políticas son evidentes:
•Pérdida de credibilidad interna y externa. La oposición encuentra aquí un flanco fácil para señalar incongruencias.
•Desgaste del discurso presidencial. Cuando el propio partido en el poder viola su promesa, la bandera de “honestidad y cercanía con el pueblo” pierde fuerza.
•Percepción de impunidad. El regreso de privilegios transmite la idea de que las reglas solo se aplican cuando conviene políticamente.
El actual Senado se perfila como una cámara más costosa y opulenta que en los sexenios previos, con dirigentes que han decidido priorizar la comodidad institucional sobre la coherencia con el mandato ciudadano.
La austeridad republicana —bandera central del lopezobradorismo— no murió de un golpe externo, sino por asfixia interna, víctima de la incongruencia y el apetito por los viejos beneficios del poder.

