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Ayotzinapa: Entre el Relato de Avances y la Realidad de la Impunidad

José Juan Conejo Pichardo

24 mar 2026

Análisis Político

A once años de la noche que avergonzó a México, el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa sigue siendo la metralla alojada en el corazón de la nación. La presidenta Claudia Sheinbaum ha salido al frente este lunes con un discurso que busca instalar la idea de un “nuevo amanecer” en las investigaciones. Sin embargo, mientras la mandataria enumera detenciones y promete un enfoque científico, las familias de los jóvenes y la sociedad mexicana nos preguntamos: ¿se trata de un verdadero parteaguas o de una nueva capa de simulacro en una herida que el Estado ha sido incapaz de cerrar?.


La apuesta por la “cientificidad” como cortina de humo


Desde Palacio Nacional, Sheinbaum aseguró que el nuevo fiscal, Mauricio Pazarán, ha implementado herramientas de investigación criminal nunca antes utilizadas, centrando la atención en el análisis de las llamadas telefónicas de la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014 . La apuesta por la “cientificidad” suena bien en los comunicados de prensa. Pero la realidad es que, durante más de una década, la estrategia del Estado ha sido un rosario de fallos: desde la infame “verdad histórica” de Jesús Murillo Karam —quien hoy enfrenta cargos por tortura y desaparición forzada— hasta la liberación de decenas de implicados por fallos judiciales que acreditaron tortura .


Afirmar que las llamadas telefónicas son el avance clave resulta, cuando menos, insultante para la inteligencia ciudadana. Esa línea de investigación fue una de las principales recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) desde 2016. El hecho de que el gobierno actual presente esto como una novedad tecnológica no habla de un avance, sino de la condenable lentitud con la que la Fiscalía ha integrado las pesquisas durante los últimos seis años.


Detenciones mediáticas vs. justicia estructural


La administración federal ha pregonado recientemente la detención de figuras como Alejandro Mejía Maza, alias “El Granito de Oro”, o la deportación desde Estados Unidos de Juan Alberto Carbajal Montes . Sheinbaum presume que hay “más de diez detenciones importantes” .


Sin embargo, debemos ser críticos: estas detenciones, aunque necesarias, apuntan principalmente a eslabones operativos de la policía municipal y el crimen organizado. El gran pendiente sigue siendo la participación del Estado profundo. La presidenta confirmó que el amparo que impide a la Sedena entregar toda la información generada por el Centro Regional de Fusión de Inteligencia (CFRI) sigue en revisión en la corte .


Mientras el Ejército mexicano se escude en los juzgados para ocultar más de 800 folios de información y se proteja a altos mandos involucrados, cualquier detención de policías municipales resulta un acto de maquillaje. La retórica oficial intenta vender como “avances” lo que en realidad es apenas el cumplimiento mínimo de las líneas de investigación que llevan años señaladas por organismos internacionales.


La ausencia de una estrategia clara


En septiembre pasado, a días de cumplirse el 11 aniversario de la desaparición, los padres y madres de los 43 emitieron un comunicado que debería helarle la sangre a cualquier funcionario: denunciaron que, tras cinco reuniones con Sheinbaum, “no vemos un rumbo claro en las investigaciones” .


La propuesta de la mandataria de “analizar” el regreso de dos investigadores del extinto GIEI no es una solución, sino una muestra de la improvisación que caracteriza la política de derechos humanos de este gobierno . Los familiares han sido claros: exigen seguir las cinco líneas de investigación que han señalado desde hace años, que incluyen la extradición de Tomás Zerón de Lucio desde Israel y el esclarecimiento del papel del Ejército.

Mientras tanto, Sheinbaum solicita apoyo a la Organización de las Naciones Unidas para reforzar la “credibilidad” de las investigaciones. Es una paradoja peligrosa: se pide apoyo externo, pero se mantiene un cerco interno para que las fuerzas armadas no sean tocadas. ¿De qué sirve el aval de la ONU si la propia Fiscalía no tiene la autonomía para investigar al poder castrense?


El tiempo se agota


La paciencia de México se ha agotado. No podemos permitir que el discurso de la “Cuarta Transformación” oculte que, once años después, seguimos sin saber el paradero de los 43. Las nuevas detenciones son positivas, pero insuficientes si no vienen acompañadas de una ruptura total con el pacto de impunidad que ha protegido a los verdaderos autores intelectuales.


La presidenta Sheinbaum tiene la oportunidad histórica de hacer lo que sus antecesores no hicieron: poner fin a la simulación. Pero para ello debe dejar de vender humo con análisis de llamadas telefónicas y ordenar que la Sedena entregue toda la información, sin reservas, y que los altos mandos militares involucrados dejen de ser considerados “intocables”. De lo contrario, su gestión será recordada no por los avances que anuncia, sino por la oportunidad de justicia que dejó escapar.


El caso Ayotzinapa no es un asunto más en la agenda. Es el espejo donde se refleja la podredumbre de un sistema que, hasta ahora, ha preferido construir relatos que entregar verdad

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