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Buscar no debería costar la vida

José Juan Conejo Pichardo

14 ago 2026

Análisis | Derechos Humanos

México recuerda a sus desaparecidos mientras las familias siguen poniendo tiempo, dinero y hasta su propia seguridad para encontrarlos


El 30 de agosto no debería ser solamente una fecha marcada en el calendario. Es un día para recordar que detrás de cada cifra existe un rostro, una familia y una historia que permanece suspendida mientras una persona siga sin ser localizada.


En México, el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas llega este año en medio de una crisis que ya no puede ser explicada únicamente como un problema de seguridad pública. Es también una emergencia humanitaria, institucional y de derechos humanos.


Los datos oficiales muestran la dimensión del desafío. Información presentada por autoridades federales reportó más de 130 mil personas que continúan en condición de desaparecidas desde 2006. Al mismo tiempo, el propio Gobierno ha reconocido la necesidad de fortalecer los mecanismos de búsqueda, identificación humana, coordinación institucional y atención a las familias.


Pero existe una realidad que las estadísticas difícilmente pueden medir: ¿quién busca a quienes nadie está buscando?


En numerosos estados, madres, padres, hermanas, hermanos e integrantes de colectivos ciudadanos han terminado realizando tareas que deberían contar con una respuesta institucional mucho más sólida. Caminan por brechas, terrenos baldíos, cerros y predios; revisan fotografías, elaboran fichas, difunden información en redes sociales y organizan colectas para pagar gasolina, herramientas, alimentos, transporte y otros gastos necesarios para continuar buscando.


La escena resulta tan paradójica como dolorosa: una familia pierde a uno de sus integrantes y, después de acudir a las autoridades, termina teniendo que organizarse para buscarlo por sus propios medios.


La falta de recursos no es un asunto menor. Buscar cuesta dinero.


Recientemente, colectivos de Guanajuato recurrieron incluso a bazares y actividades de recaudación para financiar sus movilizaciones y acciones relacionadas con el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. No se trata de casos aislados: la necesidad de organizar actividades para conseguir recursos revela que muchas familias enfrentan una lucha económica además de emocional y jurídica.


Y aquí aparece una pregunta incómoda: ¿por qué una madre tiene que vender productos, realizar rifas o pedir cooperación para buscar a su hijo?


La advertencia internacional


La dimensión de la crisis también ha trascendido las fronteras mexicanas.


En abril de 2026, el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada tomó una decisión extraordinaria: solicitar que la situación de las desapariciones forzadas en México sea llevada a consideración de la Asamblea General de Naciones Unidas, mediante el procedimiento previsto en el artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas. El Comité pidió que se considere el apoyo al Estado mexicano para prevenir, investigar, sancionar y erradicar este crimen.


La decisión internacional no significa que cada desaparición en México sea automáticamente atribuible al Estado ni que exista una conclusión judicial internacional sobre todos los casos. Sin embargo, sí constituye una señal de enorme relevancia: la magnitud, persistencia y características de la crisis han generado preocupación en el máximo sistema internacional de protección contra las desapariciones forzadas.


La ONU también ha advertido sobre la necesidad de verdad, justicia y búsqueda efectiva. En enero de este año, expertos de Naciones Unidas volvieron a exigir respuestas al Estado mexicano en casos de desaparición forzada y reclamaron investigaciones exhaustivas, búsqueda activa y sanción a los responsables.


La presión internacional, por tanto, no surge de un solo episodio. Es resultado de años de observaciones, recomendaciones, acciones urgentes y seguimiento.


También la Corte Interamericana ha hablado


México tampoco puede ignorar el sistema interamericano.


La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido recientemente responsabilidades internacionales relacionadas con desapariciones y graves violaciones de derechos humanos.


En el caso González Méndez y otros vs. México, cuya sentencia fue emitida el 22 de agosto de 2024, la Corte declaró responsable internacionalmente al Estado mexicano por la desaparición forzada de Antonio González Méndez y por la falta de una debida investigación. Entre las reparaciones ordenadas se encuentran continuar las investigaciones y acciones de búsqueda, brindar atención médica y psicológica a familiares, fortalecer la formación de agentes estatales y contar con un registro único y actualizado de personas desaparecidas.


Un año después, en el caso García Andrade y otros vs. México, la Corte volvió a declarar la responsabilidad internacional del Estado por violaciones relacionadas con la desaparición, violencia sexual y posterior feminicidio de Lilia Alejandra García Andrade, en Ciudad Juárez. La sentencia del 22 de agosto de 2025 se encuentra actualmente bajo supervisión de cumplimiento.


Estas resoluciones tienen un mensaje que va más allá de los nombres concretos de las víctimas: buscar, investigar, prevenir y reparar no son actos de buena voluntad gubernamental; son obligaciones derivadas de los derechos humanos.


El dinero también es un derecho


México cuenta actualmente con mecanismos presupuestales para apoyar acciones de búsqueda. Para 2026 existen lineamientos federales para otorgar subsidios a las comisiones locales de búsqueda destinados a ejecutar acciones de búsqueda de personas desaparecidas y no localizadas.


El problema es que la discusión no debería terminar en cuánto dinero recibe una institución.

También debemos preguntarnos cuánto llega realmente a las familias, cuánto se destina a capacidades forenses, cuánto se invierte en identificación humana, cuánto permite realizar búsquedas inmediatas y, sobre todo, qué mecanismos existen para que las organizaciones de la sociedad civil y los colectivos puedan participar de manera segura, transparente y efectiva.


Porque los colectivos no son un sustituto del Estado.


Son ciudadanos que, ante la ausencia o insuficiencia de respuestas, decidieron no abandonar a sus seres queridos.


El Estado tiene la obligación de buscar. Las fiscalías tienen la obligación de investigar. Las comisiones de búsqueda tienen la responsabilidad de coordinar y realizar acciones. Las instituciones forenses deben identificar. Y las autoridades deben garantizar protección para quienes participan en estas tareas.


A las organizaciones civiles, en cambio, corresponde acompañar, documentar, exigir, vigilar y defender derechos.


Por eso resulta indispensable construir mecanismos institucionales de colaboración con las organizaciones de la sociedad civil y los colectivos de búsqueda, incluyendo capacitación, protección, acceso a información, acompañamiento jurídico y psicológico y, cuando corresponda conforme a la ley, esquemas transparentes de apoyo para sus actividades.


30 de agosto: no basta recordar


Cada 30 de agosto México corre el riesgo de repetir el mismo ritual: discursos, fotografías, publicaciones en redes sociales y mensajes de solidaridad.


Pero las familias necesitan algo más.


Necesitan resultados.


Necesitan saber dónde están sus hijos, sus hijas, sus madres, sus padres, sus hermanos.


Necesitan investigaciones que no se archiven con facilidad, fiscalías con capacidades suficientes, servicios forenses capaces de responder a la magnitud del problema y sistemas de información que permitan convertir una denuncia en una búsqueda inmediata y efectiva.


Y necesitan algo que debería ser elemental: no tener que pagar de su propio bolsillo para encontrar a un ser querido.


La discusión presupuestal sobre desapariciones no debería verse como un gasto adicional. Es una inversión en justicia, seguridad, dignidad y derechos humanos.


Cada peso destinado a búsqueda puede significar una pista.


Cada herramienta puede significar un hallazgo.


Cada especialista puede contribuir a devolver una identidad.


Cada hora de investigación puede acercar a una familia a la verdad.


Por eso, este 30 de agosto la pregunta no debería ser solamente cuántas personas han desaparecido.


La pregunta verdaderamente urgente es otra:


¿Cuánto está dispuesto México a invertir para encontrarlas?


Porque mientras una familia siga buscando con sus propios recursos, mientras una madre tenga que organizar una colecta para pagar gasolina y mientras organismos internacionales continúen señalando deficiencias en la respuesta estatal, la desaparición seguirá siendo no solamente la ausencia de una persona.


Será también la evidencia de una deuda pendiente con toda la sociedad.


Buscar a nuestros desaparecidos no puede depender del bolsillo de sus familias. Encontrarlos es una obligación del Estado y una responsabilidad colectiva.

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