

José Juan Conejo Pichardo
29 sep 2026
Noticia | Análisis
No son delincuentes. Son trabajadores, padres, repartidores. Y hoy, Morelos los quiere marcar.
Este domingo, cientos de motociclistas tomaron la ciudad sin ruido de motor alterado, sin violencia. Hicieron lo que no hace la delincuencia: marcharon pacíficamente. Partieron de Chedraui Chamilpa y llegaron al corazón del poder, al Palacio de Gobierno, para decir una sola frase que debería estar en toda ley de seguridad: "Combatan al crimen, no nos criminalicen a nosotros".
El motivo de la rebelión es una iniciativa que busca obligar a todo motociclista a usar chaleco rotulado y casco con el número de placa impreso.
A simple vista parece control. En la calle, es una sentencia.
El error que crea delincuentes donde no los hay
Los voceros del Sindicato Bikers Unidos de Morelos, moto clubes, repartidores de apps y usuarios diarios pusieron sobre la mesa el punto ciego que los legisladores no vieron: un chaleco se roba, se falsifica y se clona en 20 minutos.
Imagínelo. Usted es repartidor en Jiutepec. Le roban su chaleco con su placa MOR-123 en el Oxxo. Esa noche, alguien con su identidad vehicular asalta una tienda en Cuernavaca. A las 6 de la mañana, la policía no busca al delincuente. Lo busca a usted.
"La medida expone a propietarios legítimos a investigaciones por delitos ajenos", advirtieron. El dueño tendrá que demostrar su inocencia, pagar abogado, perder días de trabajo, mientras el criminal ya tiró el chaleco clonado.
No es seguridad. Es transferirle el riesgo del Estado al ciudadano.*La moto no es lujo, es sustento
En Morelos, la motocicleta dejó de ser recreación. Es la herramienta de trabajo de miles de familias. Es el repartidor de Rappi que lleva la cena, el mecánico que llega a tres trabajos, el padre que lleva a sus hijos a la escuela porque no alcanza para auto.
Marcarlos con un chaleco fluorescente es marcarlos como sospechosos por default. Es aplicar un estigma visual que rompe el principio de presunción de inocencia.
Los motociclistas no se oponen a la seguridad. De hecho, la exigen. Lo que piden es inteligencia, no improvisación.
Por ello solicitaron formalmente una mesa de trabajo directa con la gobernadora Margarita González Saravia, el secretario de Gobierno Edgar Maldonado Ceballos y el Congreso del Estado.
Piden tres cosas simples antes de votar cualquier ley:
1. Que la iniciativa se haga pública. Hoy nadie conoce el texto definitivo.
2. Que se analice el riesgo de suplantación de identidad vehicular y se creen candados legales que protejan al propietario legítimo.
3. Que se construya la ley CON los motociclistas, no CONTRA ellos.
La seguridad que estigmatiza no es seguridad. Es discriminación disfrazada de prevención.

