

Análisis
José Juan Conejo Pichardo
La operación que culminó con la muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no sólo marcó un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado, sino que también provocó un hecho inusual en la política mexicana: la unidad del oficialismo y la oposición en torno al reconocimiento de las Fuerzas Armadas y las instituciones de seguridad.
En un país acostumbrado a la polarización, el mensaje fue claro: cuando el Estado actúa con firmeza, coordinación e inteligencia, el crimen retrocede. La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció públicamente el profesionalismo de los elementos de la Defensa Nacional, describiéndolos como patriotas, preparados y dispuestos a arriesgar la vida por la seguridad de la nación. Un mensaje que no sólo busca respaldar a las fuerzas del orden, sino también reconstruir la narrativa de autoridad del Estado mexicano frente a una ciudadanía cansada de la violencia.
El impacto político del operativo fue inmediato. El Partido Acción Nacional reconoció la coordinación entre la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y su titular, Omar García Harfuch, destacando que la neutralización de “El Mencho” representa uno de los golpes más relevantes al crimen organizado en años recientes. El mensaje no fue menor: el PAN buscó posicionar este hecho como evidencia de que el combate frontal, cuando es estratégico, sí debilita estructuras criminales históricas.
Desde otra trinchera política, el coordinador nacional de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, expresó su respaldo a las Fuerzas Armadas y a las fuerzas del orden, enviando un mensaje directo a quienes arriesgan su vida diariamente: “estamos con ustedes”. La frase, breve pero potente, conecta con una narrativa emocional que busca reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones de seguridad.
El Partido del Trabajo se sumó al reconocimiento a la presidenta y a las fuerzas de seguridad, calificando el operativo como un golpe contundente contra las estructuras criminales. En contraste, el Partido Revolucionario Institucional mantuvo una postura de respaldo institucional, reconociendo la labor de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Fuerza Aérea, pero sin dejar de subrayar una realidad incómoda: los niveles de inseguridad y narcoterrorismo siguen marcando la vida cotidiana de millones de familias mexicanas. El mensaje del PRI buscó equilibrar el reconocimiento con una crítica estructural: un golpe no resuelve una guerra.
En el ámbito federalista, la Conferencia Nacional de Gobernadores respaldó la conducción de la política nacional de seguridad, señalando que el operativo refleja decisión estratégica, coordinación interinstitucional y liderazgo político. El mensaje es clave en términos de gobernabilidad: cuando los gobernadores cierran filas, el Estado proyecta fortaleza territorial.
Desde el frente operativo, el titular de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, informó que Oseguera Cervantes murió mientras era trasladado a un hospital en Jalisco, junto con dos integrantes de su círculo de seguridad. Posteriormente, Omar García Harfuch confirmó que la Fiscalía General de la República corroboró la identidad del cuerpo, así como la de sus acompañantes, señalando que los restos podrán ser entregados a los familiares conforme al debido proceso legal.
Palabras clave y narrativa estratégica
Este episodio reconfigura el discurso público en torno a conceptos clave: Estado de derecho, seguridad nacional, combate al crimen organizado, inteligencia operativa, coordinación interinstitucional, soberanía, cooperación internacional y gobernabilidad. En términos de mercadotecnia política, el gobierno capitaliza el mensaje de “sí se puede”, posicionando el operativo como resultado de una política de seguridad con capacidad real de impacto, no sólo como un evento aislado.
Análisis político: México, EE. UU. y el tablero internacional
1. Escenario nacional: legitimidad en juego
La neutralización del líder del CJNG representa una oportunidad política para el gobierno federal: reposicionar su estrategia de seguridad como efectiva, técnica y coordinada. Sin embargo, el reto es mayúsculo. La caída de un capo no garantiza la reducción automática de la violencia; por el contrario, abre escenarios de reacomodo criminal, disputas internas y posibles repuntes de violencia regional. La narrativa oficial deberá sostenerse con resultados continuos, detenciones estratégicas, debilitamiento financiero de las organizaciones y control territorial. De lo contrario, el golpe simbólico se diluye en la percepción pública.
2. Relación con Estados Unidos: cooperación sin tutela
El reconocimiento del apoyo informativo de Estados Unidos coloca la cooperación bilateral en el centro del debate. Para México, el mensaje es claro: la colaboración es necesaria, pero debe mantenerse en un marco de soberanía. Washington, por su parte, interpreta este golpe como un avance en la contención de flujos de drogas y violencia transnacional, lo que fortalece los canales de inteligencia compartida. El equilibrio político está en evitar la narrativa de dependencia y consolidar una cooperación entre iguales.
3. Impacto internacional: señal al crimen organizado
A nivel global, la muerte de “El Mencho” envía un mensaje directo a las organizaciones criminales transnacionales: el Estado mexicano puede alcanzar a los liderazgos más blindados. Esto refuerza la percepción de que México busca recuperar capacidad de disuasión, un factor clave en la evaluación internacional de riesgo-país, inversión extranjera y cooperación en seguridad regional. No obstante, los mercados y socios internacionales observarán con lupa si este golpe se traduce en una reducción sostenida de violencia o si deriva en una nueva fragmentación del crimen organizado.
Cierre persuasivo
La caída de “El Mencho” no es el final de la historia: es una prueba de fuego para la estrategia de seguridad del Estado mexicano. Hoy, la política y las Fuerzas Armadas cerraron filas; mañana, la ciudadanía exigirá resultados medibles, territorios más seguros y una paz que no sea sólo discurso. El mensaje es contundente: cuando el Estado actúa, el crimen tiembla; cuando el Estado se repliega, el crimen avanza. La pregunta que queda en el aire es si este golpe marcará un antes y un después, o si será apenas un destello en una guerra que aún no termina.

