

José Juan Conejo Pichardo
19 may 2026
Noticia-Análisis
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) declaró este domingo una huelga nacional indefinida a partir del 1 de junio, en rechazo al aumento salarial del 9% ofrecido por el gobierno mexicano. La protesta, anunciada en conferencia de prensa, busca aprovechar la atención mundial que desatará el Mundial de Fútbol 2026, cuyo partido inaugural se jugará el 11 de junio en el Estadio Azteca.
“Los ojos del mundo estarán en la Ciudad de México y ahí estaremos mostrando nuestra inconformidad”, advirtió Isael González, vocero de la CNTE en Chiapas. El dirigente detalló que el movimiento arrancará con una marcha desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo capitalino, donde instalarán un plantón indefinido.
Los maestros exigen la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la eliminación de la reforma educativa impulsada desde el gobierno de Enrique Peña Nieto y ratificada en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, así como el retorno a un esquema solidario de pensiones por años de servicio y un aumento salarial del 100%.
Pedro Hernández, de la sección 9 de la CNTE, desmintió el supuesto 9% de aumento: “Buena parte corresponde a prestaciones. El incremento efectivo ronda el 4.3%, apenas por encima de la inflación prevista para 2026. Estas migajas son inaceptables”.
Elvira Veleces Morales, coordinadora en Guerrero, subrayó que las movilizaciones buscan “visibilizar la lucha” durante la ventana del Mundial, y advirtió que cualquier afectación al torneo “dependerá de la voluntad del gobierno federal” para atender sus demandas. Mientras tanto, la sección 22 de Oaxaca, bastión histórico de la CNTE, iniciará movilizaciones desde el 25 de mayo como antesala de la huelga nacional.
¿Por qué ahora y por qué con el Mundial de fondo? La respuesta es estratégica y despiadada. La CNTE ha comprendido que la única manera de sacudir a un gobierno insensible es golpear donde más duele: la imagen internacional de México. En junio de 2026, todos los reflectores apuntarán al país. Cada maestro en paro, cada plantón en el Zócalo, será una mancha indeleble en la transmisión global del torneo.
El gobierno, por su parte, ha calculado mal. Ofrecer un 9% que en la práctica se diluye a la mitad es un gesto de cinismo difícil de digerir para un gremio que ve cómo la inflación devora su poder adquisitivo año tras año. Pero el conflicto no es solo salarial: es estructural. La reforma educativa y la ley del ISSSTE representan para los maestros un despojo de derechos históricos, conquistados con sangre y movilizaciones en décadas pasadas.
Lo que viene es una prueba de fuego para el gobierno mexicano. Ceder ante la CNTE podría abrir la puerta a más presiones de otros sectores; no ceder, sin embargo, significa arriesgarse a que el Mundial se convierta en un escaparate de la fractura social mexicana.
Los maestros lo saben. Por eso hablan de “necesidad, no capricho”. Han decidido que no hay mejor momento que este para recordarle al mundo, y a sus propias autoridades, que la educación no se negocia con migajas. La pregunta ahora es si el gobierno tendrá la audacia de sentarse a dialogar de verdad, o si preferirá que el golpe más sonoro del Mundial no sea un tanto, sino el eco de una huelga que paraliza al país.

