

José Juan Conejo Pichardo
24 sep 2025
Derechos Humanos
En México, la violencia escolar sigue siendo minimizada y disfrazada de “disciplina”. Pero lo que ocurre en la Escuela Primaria José A. Ocampo, en Privada Plutarco Elías Calles Núm. Ext. 41, Colonia San José, Iguala, Guerrero, turno matutino, demuestra que la omisión de autoridades convierte las aulas en espacios de terror psicológico para niñas y niños.
Un Aula Bajo Intimidación
El 5 de septiembre de 2025, la madre de familia Margarita Dotor Almazán presentó un escrito formal dirigido a la directora Lorena Abundio Gama, denunciando los métodos violentos de la maestra de sexto grado, Itzamary Carolina, contra su hija Rebeca Sofía y sus compañeros.
La denuncia documenta prácticas inadmisibles en un salón de clases:
Golpes en el escritorio para atemorizar.
Silbato a alto volumen dentro del aula, como en un cuartel militar.
Gritos como: “¡Cállense, tienen 3 segundos para sentarse y callarse!”.
Amenazas directas: “Al rato me voy a echar un round con tu mamá”.
Advertencias arbitrarias: “Tres faltas sin justificar y se dan de baja”.
“Son las frases o palabras más un alto volumen de voz ( gritos ), el tono agresivo y la actitud e intención de intimidación, de causar miedo, de imponer autoridad y control con un método que no es el correcto y esto es todos los días, durante toda la clase, vivir bajo presión y amenazas es mucho para alumnos de primaria, mi hija vive en un estado de inestabilidad emocional y psicológica que esta afectando su salud,” así lo expreso la madre de familia en entrevista para este medio, la cuál pide que ya pare esta situación ya que también la esta afectando a ella.
Estas conductas han generado en Sofía estrés severo, ansiedad y alteraciones emocionales confirmadas por estudios especializados. Y mientras tanto, la directora guarda silencio, normaliza y protege a la maestra.
Indignación en Iguala
El caso ha generado molestia e indignación en la sociedad del municipio, y colectivos, ONG’s y OSC’s de derechos humanos, de protección a la niñez y feministas comienzan a reunirse para alzar la voz y revisar esta problemática.
Una de ellas, la organización internacional Uka Nuiwame, especializada en la defensa de mujeres, niñas y niños, ya respondió al llamado de la madre de familia para acompañar la queja y, de ser necesario, presentar una denuncia ante la Fiscalía del Estado y otras instancias correspondientes.
La sociedad civil lo entiende: cada día sin respuesta aumenta el riesgo de que la situación escale a niveles irreversibles.
Autoridades en la Mira
El silencio de la directora Lorena Abundio Gama no solo es negligente, sino cómplice. Pero la responsabilidad no se queda ahí:
¿Dónde está el supervisor de la zona escolar?
¿Por qué no ha tomado cartas en el asunto?
¿Hasta cuándo el titular de la Secretaría de Educación Pública, Ricardo Castillo Peña, pondrá la vista en este caso y exigirá acciones inmediatas?
¿Cuándo la Lic. Brígida Marino Santana, procuradora para la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes, atenderá personalmente a la madre de familia y realizará una revisión profunda en la primaria José A. Ocampo?
La crítica es ineludible: ¿acaso las autoridades prefieren encubrir por amiguismos, compadrazgos o compromisos, mientras la niñez de Iguala paga el precio?
Un Eco de “Papayita”
El país ya vivió el caso de Carlos Gurrola, “Papayita”, quien murió en Torreón tras años de burlas y acoso laboral en HEB Senderos. Una muerte que pudo evitarse si la empresa hubiese actuado.
Hoy, en Iguala, la historia podría repetirse. No se necesita un funeral para validar lo que los padres denuncian: la omisión es complicidad y la complicidad mata.
Llamado Urgente
Este caso no puede quedarse en papeles engavetados ni en discursos huecos. Urge:
Protección inmediata a Rebeca Sofía y sus compañeros.
Investigación imparcial y pública sobre la maestra Itzamary Carolina y la directora Lorena Abundio Gama.
Sanciones y medidas ejemplares para quienes omitan su deber de proteger a la niñez.
Intervención directa de la SEP y la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes.
El caso José A. Ocampo ya no es un tema aislado: es un foco rojo que enciende la indignación social. Los colectivos y ONG’s ya se están organizando, la sociedad observa, y la pregunta es clara:
¿Qué esperan las autoridades, un desenlace trágico, para entonces sí reaccionar? La niñez no puede esperar más. El miedo no educa: destruye, enferma y mata.

