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No es una guerra fría: es una guerra por el control del futuro

Juan Manuel Gómez Flores

11 dic 2025

EEUU y China

La supremacía tecnológica en la actualidad es crucial para determinar la prosperidad económica, el poder militar y la hegemonía global.


En los últimos cinco años (2020-2025), la tecnología ha experimentado una aceleración histórica, impulsada principalmente por la pandemia y la posterior revolución de la Inteligencia Artificial (IA). Desde 2020 y durante los años siguientes, la humanidad ha sido testigo de una rápida evolución tecnológica y de su integración generalizada en la vida cotidiana.


Esto impulsó un crecimiento sin precedentes en el ámbito tecnológico, especialmente en el manejo de la información. Por ello, los semiconductores se han convertido en el elemento clave para procesar datos en un mundo donde la información se mueve a velocidades cada vez más altas.


En este escenario de supremacía tecnológica entran dos potencias que buscan no solo prevalecer, sino imponerse frente a una competencia en la que no se puede dar espacio al error.


Del mismo modo en que ha avanzado la tecnología, han avanzado también los conflictos globales. Los países que siguen apostando por un nacionalismo rígido corren el riesgo de convertirse en campos de guerra indirectos, donde estas dos potencias los utilizarán como laboratorios para probar y perfeccionar sus tecnologías.


Estas tecnologías no necesariamente se limitan a armas: incluyen sistemas de espionaje, control de información, vigilancia, ciberinteligencia y manipulación estratégica de datos.


Estados Unidos lo sabe bien: no puede permitir que China intervenga en sus intereses estratégicos dentro de América Latina. Por ello, es casi seguro que procurará mantener el conflicto geopolítico lejos de nuestro continente, administrándolo de manera estratégica para preservar su influencia histórica en la región.


Sin embargo, China no es un actor pasivo ni un enemigo gentil. Pekín está dispuesto a impulsar todos los medios necesarios para desestabilizar —o al menos desafiar— el llamado Destino Manifiesto de Estados Unidos.


Su avance económico, tecnológico y diplomático en América Latina forma parte de una estrategia más amplia para erosionar la hegemonía estadounidense y desplazarla gradualmente del orden global.


China ya es el mayor socio comercial de varios países latinoamericanos, y Washington lo sabe y ya ha restringido más de 600 exportaciones tecnológicas hacia Pekín.

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