

José Juan Conejo Pichardo
21 ago 2026
Análisis | Investigación
Hay que decirlo con todas sus letras, sin eufemismos de taller: dentro del sector social mexicano existe una casta de parásitos profesionales. No son activistas. Son oportunistas que ingresan a una organización de la sociedad civil no para servir a la causa, sino para servirse de ella.
Durante meses o años fingen lealtad, aprenden todo: la metodología que costó sangre construir, los formatos de proyectos que sí ganan convocatorias, los contactos directos de funcionarios, de donantes, de liderazgos sociales. La organización les da salario, formación, respaldo legal, prestigio. Y en cuanto se sienten con la fuerza suficiente, ejecutan su maléfico plan.
No se van en silencio. Roban y hacen chisme
Se roban los proyectos completos. Se roban los programas que ya están operando en territorio. Se roban la base de datos de beneficiarios que tanto costó generar confianza. Se roban al capital humano, mandando mensajes por la noche a los talleristas, promotores, integrantes de la ONG: "Vente conmigo, acá sí valoran tu trabajo, con el presidente no vas a crecer", acá estoy haciendo algo mejor…
Y para justificar su traición, su falta de valores y principios hacen lo más bajo: emprenden una campaña de desprestigio. Empiezan a hablar mal del presidente o presidenta, del fundador que les abrió la puerta, de la propia organización que les dio nacimiento. Comienzan a expandir su veneno de mentiras "no trabaja", que "se queda con el dinero", que "maltrata al personal", que "la organización ya no sirve". Es el manual clásico del traidor: necesita destruir la imagen moral del dirigente para legitimar su robo. Necesita ensuciar la casa que lo albergó para que su nueva choza parezca limpia. Estas personas son parásitos de las ONG’s, rémoras y crean quimeras a su alrededor para obtener seguidores. Pronto se darán cuenta que no son nada, que no tienen valor, es entonces cuando reconocen Jesús antiguos jefes o dirigentes eran el verdadero motor y ellas una pequeña pieza dentro del mecanismo, una pieza reemplazable y barata.
Esto no es competencia. Competencia es cuando alguien con su propia idea, su propio proyecto y su propio capital social, sale y funda algo nuevo. Lo que hacen estas personas es canibalismo, es plagio, es abuso de confianza, es realizar acciones bajas y sin escrúpulos.
Y es un delito. Aunque en el mundo de las OSC nos dé vergüenza denunciarlo, la fuga de información, la divulgación de bases de datos y el uso de propiedad intelectual de la organización para fines personales constituye un incumplimiento grave del contrato de confidencialidad, sancionable con indemnización por daños y perjuicios y con responsabilidad penal por robo de información.
El daño que causan es recuperable.
1. Menoscaban a la organización: La dejan sin programas, sin personal y sin donantes, porque el traidor llega a las mismas convocatorias con el mismo proyecto, pero ofreciéndolo más barato, porque no invirtió nada en crearlo.
2. Dañan a la causa: Confunden a la comunidad. El beneficiario ya no sabe quién es quién. El gobierno deja de creer en ambas organizaciones. El donante se retira.
3. Traicionan a la ética: Usan el discurso de derechos humanos, de feminismo, de defensa de jóvenes, para actuar con la deslealtad más empresarial que critican.
Basta de romanticismo. Las organizaciones que hoy sobreviven en México y en el mundo, como Oxfam, Greenpeace o Techo, lo hacen porque entendieron que la lealtad no se presume, se blinda. Tuvieron que crear protocolos antifraude, canales de denuncia interna confidencial y sistemas de protección de datos, porque descubrieron que el enemigo no siempre está afuera.
Si usted dirige una organización, tome nota y actúe ya:
A) Cero acceso total. Nadie, excepto la dirección, debe tener acceso a la carpeta madre de proyectos, finanzas y contactos. Compartimente la información por áreas. Use claves, cifrado y registro de descargas.
B) Contrato de confidencialidad y no captación. Que todo colaborador firme que se obliga a no divulgar, no copiar y no usar la información confidencial durante y 3 años después de su salida. Y cláusula expresa de no captación de personal y de no desprestigio. Si habla mal de la organización y daña su reputación, hay consecuencias legales. La cláusula debe especificar que listas de clientes, proveedores, metodologías y proyectos son propiedad de la organización.
C) Filtros de ingreso y acta de valores. No contrate solo por capacidad técnica. Investigue antecedentes, pida referencias de otras OSC, observe su patrón: ¿cuántas organizaciones ha fundado y abandonado? El que ha traicionado una vez, traiciona siempre.
D) Denuncie internamente y externamente. Documente todo. Levante actas. Y si es necesario, denuncie penalmente y ante el Registro Federal de OSCs. El silencio protege al traidor.
Existen casos donde las y los dirigentes de las organizaciones llegan a darles a estas personas casa, vestido y sustento, más una posición y reconocimiento dentro del ámbito de las organizaciones sociales, sin embargo estas personas hacen el acto más de desleal, el acto nada profesional, menos honesto y más vil: querer dañar la imagen de la organización y de las personas que la cobijaron, de las personas que les dio el taco para quitarles el hambre, que les dio un refugio y una posición social.
Las organizaciones sociales no somos trampolín de mediocres sin ideas propias. Somos instituciones que cuestan años levantar. Quien no puede construir su propio camino sin tener que robarse los ladrillos de la casa que lo acogió y sin tener que difamar a quien le enseñó, no es un emprendedor social. Es simplemente un desleal.

