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SEP: El Adiós de Marx Arriaga y el Desastre en los Libros de Texto.

José Juan Conejo Pichardo

20 feb 2026

Análisis Político

La abrupta salida de Marx Arriaga Navarro como director general de Materiales Educativos en la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha puesto al descubierto un conflicto que va mucho más allá de una discusión doméstica dentro de una dependencia: hay una batalla abierta por el rumbo ideológico y pedagógico de la educación pública en México.


Arriaga, una figura que cobró enorme protagonismo durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, fue el artífice del polémico diseño de los nuevos Libros de Texto Gratuitos (LTG) bajo la bandera de la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM). Sin embargo, lo que se presentó como un proyecto educativo incluyente y transformador terminó convertido en símbolo de discordia interna, acusaciones de sesgo ideológico y, finalmente, en un fracaso administrativo que terminó con su remoción.


El detonante formal fue la negativa de Arriaga a acatar varias órdenes de la Subsecretaría de Educación Básica para modificar y eliminar 192 contenidos en los libros de preescolar y primaria, que se consideraron “no pertinentes” para el currículo oficial del ciclo escolar 2026–2027, un requerimiento expreso plasmado en varios oficios internos de octubre pasado.


Lejos de aceptar el ajuste de contenidos como un proceso técnico normal, Arriaga se atrincheró en su despacho durante varios días, exigiendo la entrega oficial de la orden de destitución y defendiendo su postura como si se tratara de un acto de resistencia ante una supuesta traición a los principios de la NEM.


Este episodio exhibe, con crudeza, varias fallas estructurales del gobierno actual y de la propia SEP:


1. Arrogancia exagerada y culto a la personalidad Arriaga construyó un discurso en torno a sí mismo —y no a la educación de millones de niñas y niños— como si los libros fueran “su obra” y no materiales públicos sujetos a revisión, ajuste y mejora. Su insistencia en negar cambios planteados por instancias colegiadas de la SEP revela no solo tozudez, sino un liderazgo que confunde ideología con técnica. Arriaga secuestro el proyecto de libros de texto, el mismo se creo una imagen y narrativa de José Vasconcelos moderno.


2. Ideologización de la educación Los LTG de la NEM ya habían sido objeto de fuertes críticas por su enfoque ideológico —incluyendo contenidos considerados sesgados o con errores factuales— mucho antes del conflicto actual. Este episodio no es un simple choque administrativo: es la culminación de una política educativa que prioriza la narrativa política sobre la calidad pedagógica.


3. Gestión precipitada y falta de profesionalización Que un funcionario haya resistido cambios que incluso sus propios colegas evaluaron como necesarios evidencia la falta de profesionalización en la gestión educativa. La educación no puede estar al vaivén de caprichos personales ni de disputas internas; requiere evidencia, consenso y adaptación a estándares claros.


4. Mala comunicación dentro del gobierno El caso también pone de manifiesto una falta de coordinación dentro del gabinete educativo del propio partido gobernante. La presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que salir a dar explicaciones públicas, afirmando que “los libros no cambiarán” pese al conflicto con Arriaga, y que la NEM sigue siendo pilar de la educación pública.


Esta declaración parece más una defensa política que una clarificación técnica, lo que sugiere que el conflicto fue manejado con más tortuosidad política que claridad administrativa.


Desde el ámbito partidario, Morena ha estado en una posición difícil: por un lado, necesita sostener los pilares ideológicos de la llamada Cuarta Transformación (4T), incluyendo la NEM; por otro, no puede permitir que un funcionario se convierta en un símbolo de desorden y resistencia interna. El despido de Arriaga pone de manifiesto la tensión entre mantener una narrativa política homogénea y aceptar la actualización crítica de políticas educativas.


La situación también ha generado reacciones de la oposición. El PRI, por ejemplo, ha pedido que el titular de la SEP, Mario Delgado, comparezca ante el Senado para rendir cuentas sobre el manejo de recursos y decisiones administrativas en torno a la gestión de Arriaga.


Desde una perspectiva crítica, el episodio deja al descubierto varios problemas graves:


• Centralización del poder en una figura: Arriaga actuó durante años como si los libros de texto fuesen su proyecto personal, subordinando revisión técnica y debate pedagógico a su visión.

• Falta de transparencia en decisiones clave: que se exigieran cambios sustantivos por oficio sin un diálogo público amplio refleja la opacidad en la toma de decisiones dentro de la SEP.


• Política sobre educación: la educación pública no puede convertirse en un campo de batalla ideológico; debe privilegiar la calidad, la pertinencia curricular y responder a las necesidades reales de estudiantes y docentes.


•Costos políticos y educativos: este conflicto —y su desenlace— consumen capital político valioso y generan incertidumbre entre docentes, padres de familia y comunidades educativas.


En última instancia, la salida de Marx Arriaga debe ser una oportunidad para reflexionar sobre la gestión educativa en México: ¿Debemos seguir permitiendo que una sola persona —por más cercano que sea a un proyecto político— imponga criterios sobre millones de alumnos? ¿O necesitamos mecanismos de revisión técnica, transparente, plural e independiente que garanticen la calidad de los contenidos pedagógicos?


Mientras el país discute estas preguntas, lo que queda claro es que la educación pública —y sus libros de texto— son demasiado importantes para ser rehén de disputas internas de poder o de egos personales. El reto ahora es reconstruir confianza institucional y colocar al interés educativo por encima de la política partidista. ¿Cuándo se había visto aun funcionario público aferrarse a un hueso?, ¿Cuándo se había visto a un funcionario público amotinarse en su cargo y oficina?.

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