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UAEM: Sin Liderazgo en Rectoría ni en la FEUM

José Juan Conejo Pichardo

4 mar 2026

Análisis Político

La crisis en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) no solo continúa: se ha profundizado. A días de la muerte de una estudiante que cimbró a la comunidad universitaria y al estado, las instalaciones siguen tomadas por estudiantes que exigen respuestas reales, no comunicados protocolarios.


De acuerdo con información publicada el martes 3 de marzo de 2026 por El Sol de Cuernavaca, la rectora Viridiana León Hernández acudió esa tarde a entregar formalmente la respuesta al pliego petitorio presentado por los estudiantes desde el viernes 27 de febrero. La entrega se realizó con integrantes de su gabinete y ante un notario público, con el propósito —según el comunicado institucional— de dar seguimiento a los planteamientos y definir acciones concretas para fortalecer la seguridad en la máxima casa de estudios de Morelos.


Sin embargo, pese a la formalidad del acto, no hubo acuerdos. Las instalaciones permanecen tomadas.


Para un lector fuera de Morelos es importante dimensionar el momento: la UAEM es la principal universidad pública del estado, con miles de estudiantes. La parálisis institucional no es un asunto menor; es un reflejo de una fractura profunda entre autoridades y comunidad.


El pliego petitorio: desconfianza acumulada


El hecho de que los estudiantes mantengan la toma revela algo más grave que la falta de acuerdos técnicos: evidencia una crisis de confianza. Cuando una comunidad decide cerrar su propia universidad, el mensaje es claro: no cree en la voluntad ni en la eficacia de sus autoridades.


El pliego petitorio —según lo difundido por los propios estudiantes— gira en torno a exigencias de seguridad reforzada dentro y fuera de los campus, revisión de protocolos ante desapariciones, mayor iluminación, vigilancia efectiva, transparencia presupuestal en materia de seguridad y acompañamiento integral con perspectiva de género.


Que la Rectoría haya recurrido a la presencia de un notario público para dar fe de la entrega del documento puede interpretarse como un intento de formalidad jurídica. Pero el conflicto no es notarial; es político y moral. La comunidad no exige únicamente constancia de recepción: exige resultados verificables y plazos concretos.


Viridiana León Hernández: liderazgo bajo presión


La rectora Viridiana León Hernández enfrenta la prueba más difícil de su gestión. En momentos de crisis, el liderazgo no se mide por la redacción de comunicados, sino por la capacidad de construir acuerdos creíbles y asumir responsabilidades.


La percepción estudiantil —que hoy se expresa en la toma de instalaciones— es que la reacción fue tardía y que las medidas anunciadas no alcanzan la dimensión del problema. En un estado como Morelos, con antecedentes de violencia contra mujeres y altos índices de inseguridad, la universidad debía actuar con anticipación, no únicamente después de una tragedia.


El conflicto actual ya no es solo por un caso: es por una estructura que, a juicio de los estudiantes, falló.


¿Dónde está la FEUM?


La Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), órgano de representación estudiantil, también enfrenta cuestionamientos. Su papel debería ser el de mediador firme y contrapeso institucional. Sin embargo, múltiples voces dentro de la comunidad universitaria consideran que ha faltado contundencia para presionar a Rectoría con mayor rigor.


La FEUM no es un comité decorativo. Es, en teoría, la instancia que articula las demandas del estudiantado y las convierte en agenda política interna. En un momento como este, su capacidad de liderazgo es determinante. La historia juzgará si estuvo del lado de la exigencia transformadora o de la contención institucional.


Las marchas y la dimensión nacional


Las movilizaciones no han cesado. Las calles de Cuernavaca han sido escenario de protestas en las que participan estudiantes, colectivos feministas, organizaciones civiles y activistas de derechos humanos. El caso ha trascendido lo local y se inserta en el debate nacional sobre la violencia contra mujeres jóvenes en espacios educativos.


La toma de instalaciones coloca a la UAEM en el mapa nacional de universidades en crisis por razones de seguridad y violencia de género. No es la primera institución que enfrenta protestas de esta magnitud en México, pero cada caso suma a la percepción de que las universidades públicas no han logrado construir entornos plenamente seguros.


Un conflicto que apenas comienza


La falta de acuerdos el 3 de marzo marca un punto de inflexión. Si no se logra un entendimiento con compromisos claros, verificables y calendarizados, la crisis puede escalar. El desgaste institucional afectará no solo a la Rectoría, sino a la imagen del sistema universitario morelense y al propio gobierno estatal.


Hoy, la pregunta no es si se entregó un documento ante notario. La pregunta es si la universidad está dispuesta a transformar de fondo su modelo de prevención y respuesta ante la violencia.


La muerte de una estudiante abrió una herida profunda. La toma de instalaciones demuestra que esa herida sigue abierta. Y mientras no haya acuerdos sólidos y acciones contundentes, la crisis de la UAEM no será un episodio pasajero, sino el símbolo de una generación que decidió no aceptar más simulaciones.

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