

José Juan Conejo Pichardo
31 mar 2026
Análisis político-Económico
El silencio industrial que comenzó a instalarse en CIVAC el pasado 27 de marzo no es el epílogo de una historia cualquiera. Es el punto final de seis décadas que convirtieron a Morelos en un referente global de la industria automotriz, pero también es el prólogo de una crisis económica cuyas dimensiones apenas comienzan a vislumbrarse. Nissan cerró aquel viernes su planta más emblemática, la primera que la marca japonesa tuvo fuera de su país, y con ella no solo se llevó líneas de producción, sino el sustento de miles de familias morelenses y una red de proveedores locales que ahora enfrentan su propio final anunciado.
La decisión, enmarcada en el plan global Re:Nissan, busca concentrar la manufactura en Aguascalientes para ganar eficiencia y competitividad. La lógica corporativa es impecable. Pero el impacto territorial es brutal y no admite lecturas edulcoradas.
No es menor lo que se pierde. CIVAC abrió sus puertas el 12 de mayo de 1966, cuando México todavía miraba con recelo la inversión extranjera y las armadoras estadounidenses dominaban el mercado. Ahí, con 740 empleados iniciales y una capacidad de 70 unidades diarias, nació el primer Datsun Bluebird fabricado por manos mexicanas. Entre 1966 y 1968 salieron de esa planta 10,510 ejemplares, una cifra que hoy parece modesta pero que entonces representaba una apuesta de país .
Con los años, CIVAC se convirtió en mucho más que una fábrica. Fue el corazón industrial de Morelos. Ahí se produjeron camiones ligeros desde 1975, motores J18 desde 1978, y más tarde modelos que marcaron generaciones enteras de mexicanos: el Tsuru, el Sentra, el Versa, la NP300, incluso la versión taxi de la NV200 que circuló por cada rincón del país. La plantilla superó los 5,000 empleados, y en sus momentos de mayor auge llegó a producir el 11 por ciento del total de vehículos de Nissan en México .
Pero el peso de la historia no detiene las estrategias globales. En 2021, la producción del Sentra migró a Aguascalientes, y CIVAC quedó prácticamente atada a la línea de la NP300, mientras las inversiones multimillonarias tomaban rumbo hacia las instalaciones más modernas del Bajío. La sentencia estaba escrita.
La cifra que duele: 4,200 empleos directos desaparecen.
El primer impacto es el más evidente: el empleo. Según datos oficiales de la Secretaría de Desarrollo Económico y del Trabajo de Morelos, alrededor de 4,200 personas quedarán sin trabajo como consecuencia directa del cierre . De ellas, 2,200 participaban directamente en la manufactura de vehículos, mientras que el resto corresponde a personal ejecutivo, administrativo y profesionales en la línea de producción.
Pero las cifras se actualizan con crudeza en los últimos meses. El 4 de noviembre de 2025, la empresa notificó la conclusión anticipada de 869 contratos eventuales, aunque los trabajadores afectados seguirán recibiendo salario y prestaciones hasta el 31 de enero de 2026 como parte de un acuerdo con el sindicato . Es apenas la primera oleada. La liquidación masiva se ha programado por etapas, con el primer bloque de trabajadores afectados entre el 10 y 12 de noviembre de 2025.
El golpe no es solo numérico. Los trabajadores de Nissan en Morelos gozaban de uno de los contratos colectivos más sólidos del país, con prestaciones superiores a las que ofrece la gran mayoría de la industria en el estado . En un mercado laboral donde abunda la informalidad y los salarios de subsistencia, perder una fuente de empleo de esta calidad es, para muchas familias, un retroceso de décadas.
El efecto dominó: proveedores y pequeños negocios en la mira.
Sin embargo, el daño más profundo quizá esté aún por verse. Porque Nissan no era solo una empresa, sino un ecosistema. A su alrededor crecieron proveedores, transportistas, servicios de alimentos, hospedaje, y toda una cadena de pequeñas y medianas empresas que dependían de la derrama económica de la armadora.
La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) en Morelos ha sido clara al advertir que al menos tres empresas proveedoras de Nissan también dejarán el estado, en su mayoría dedicadas al suministro de componentes plásticos . Estas compañías generan en conjunto alrededor de 500 empleos directos, y se irán a la par de Nissan, probablemente en el transcurso de 2026 . Pero hay más: la propia Coparmex no descarta que entre tres o cuatro proveedoras más cierren definitivamente o se trasladen fuera de la entidad.
El dirigente de Coparmex Morelos, Saúl Medina Villagómez, lo resumió con crudeza: “También hay otras proveedoras de la misma Nissan que están por dejar Morelos. Es una situación que nos preocupa y nos ocupa”.
Y más allá de las empresas formalmente establecidas, está el tejido económico de base. Los pequeños comercios de municipios como Cuautla han comenzado a cerrar en los últimos meses. Los propios comerciantes de la zona estiman que entre el 30 y 40 por ciento de los establecimientos han bajado sus cortinas, en una región donde el consumo dependía en buena medida del poder adquisitivo de los trabajadores de la armadora .
El presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) en la región sur de Morelos, Mauricio Puente Quevedo, calcula que el impacto comercial de entrada será de entre el 15 y el 20 por ciento, con especial afectación para hoteles, restaurantes y servicios de transporte . “De qué tamaño va a ser, todavía no lo podemos saber hasta que esto suceda, pero de que va a haber una afectación, sí”, afirmó .
Pérdidas que se miden en millones de pesos.
Las estimaciones económicas comienzan a dibujar un escenario desolador. Se calcula que, al dejar sin empleo a sus trabajadores, Morelos perderá más de 800 millones de pesos anuales en masa salarial, y se dejará de percibir una derrama indirecta de alrededor de mil 500 millones de pesos . Son recursos que ya no circularán en la economía local, que no llegarán a las tiendas de abarrotes, a las fondas, a las ferreterías ni a los servicios de mantenimiento que durante décadas vivieron a la sombra de la gran armadora.
La presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en Morelos, Griselda Hurtado Calderón, no dudó en calificarlo como “un golpe directo al empleo, a proveedores. Sin duda, es una noticia que preocupa a los empresarios de Morelos, debido a la caída del consumo local y el aumento del desempleo”.
La reconfiguración industrial: ¿oportunidad o abandono?
Frente a este panorama, las autoridades estatales han intentado proyectar una narrativa de oportunidad. El secretario de Desarrollo Económico y del Trabajo de Morelos, José Víctor Sánchez Trujillo, ha señalado que las 40 hectáreas que ocupaba Nissan en CIVAC serán vendidas a otras empresas, posiblemente del sector automotriz o de otras ramas industriales . También se menciona la reapertura del aeropuerto “Mariano Matamoros” como un activo logístico que podría atraer nuevas inversiones.
Pero el discurso institucional choca con la realidad inmediata. La planta no cierra para ser sustituida de inmediato por otra fuente de empleo de similar magnitud. Cierra porque la estrategia global de Nissan dicta que la producción debe concentrarse en Aguascalientes. Y mientras los trabajadores morelenses enfrentan el desempleo, los proveedores locales ven desaparecer su mercado cautivo, y los pequeños comercios de Cuautla y Jiutepec bajan sus cortinas, la respuesta del gobierno apenas empieza a configurarse en mesas de trabajo para la reubicación laboral y el fomento al emprendimiento .
Más de seis décadas después
La historia de Nissan en Morelos comenzó en 1966, cuando el gobernador Emilio Rivapalacio recibió la primera inversión japonesa fuera de sus fronteras. Durante 59 años ininterrumpidos, la armadora fue sinónimo de estabilidad, de empleo bien remunerado y de arraigo industrial en una entidad que nunca logró diversificar su economía . Más de 6.5 millones de vehículos salieron de sus líneas de ensamble, con destinos que iban desde Estados Unidos hasta Medio Oriente .
Hoy, ese legado se convierte en un reto mayúsculo para una entidad que deberá reinventarse en medio de la pérdida de su principal polo industrial. La pregunta que queda flotando en el ambiente no es si Morelos se recuperará, sino cuánto tiempo y cuántas familias quedarán en el camino antes de que eso ocurra.
Mientras tanto, en Aguascalientes, las plantas Nissan 1 y Nissan 2 siguen produciendo, ajenas al eco de las 40 hectáreas que en Jiutepec se van quedando en silencio.

